Psicología: por qué algunas experiencias culturales nos siguen afectando días después

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Una película no siempre termina con los créditos, a veces seguimos dentro de ella. Salimos del cine tristes, eufóricos, inquietos o con una sensación difícil de explicar. También puede ocurrir tras un concierto, una exposición o al escuchar una canción en un momento importante de nuestra vida.

Las experiencias culturales intensas pueden cambiar el estado de ánimo durante un tiempo y ayudarnos a sacar emociones enquistadas. Pero ¿por qué sucede esto?

 

Experiencias culturales intensas: el cerebro no necesite que nos esté pasando algo para reaccionar ante ello

Cuando vemos una peli, nuestra atención está siguiendo a unos personajes, anticipando lo que puede suceder, interpretando sus emociones, poniéndonos en su lugar.

El cine es especialmente eficaz para provocar emociones porque presenta personajes, música, imágenes y situaciones que ayudan a que nos metamos en la historia, a que nos impliquemos en lo que estamos viendo. 

Una historia puede hacer que sintamos miedo por alguien que sabemos que no existe o que nos entristezcamos por una pérdida que nunca ha ocurrido. Nuestras emociones son reales aunque los acontecimientos sean ficticios.

 

¿Por qué lo que sentimos dura más que la experiencia?

No sucede siempre, pero alguna vez habrás notado que las emociones que una película te ha generado se alargan durante unos días, es decir, no desaparecen cuando el estímulo cesa.

En este caso hay que distinguir entre:

  • Emoción puntual
  • Estado de ánimo

 

Una película puede provocarnos miedo o tristeza durante una escena concreta y, posteriormente, dejarnos durante un tiempo con un estado de ánimo distinto al que teníamos antes de verla.

Por eso, decir que una película nos ha marcado o nos ha dejado tocados describe una experiencia muy real, aunque eso no signifique que vayamos a permanecer varios días con el mismo nivel de emoción que al verla.

 

Nos afecta lo que la historia despierta en nosotros

Una película puede hablar de duelo y hacernos pensar en una pérdida propia, una exposición puede recordarnos una etapa de nuestra vida, una canción puede estar asociada al recuerdo de una persona que echamos de menos.

En esos casos, la obra activa recuerdos, asociaciones y pensamientos. Por eso una misma peli afecta de maneras totalmente distintas a dos personas:

  • Para una puede ser entretenida
  • Para otra puede tocar un tema especialmente sensible
  • Puede ponerle palabras o imágenes a algo que llevaba un tiempo sintiendo
  • También puede producir alivio o motivación

 

Las experiencias culturales se mezclan con nuestra propia historia.

 

¿Y por qué a veces salimos con ganas de vivir?

No todas las experiencias nos dejan tristes o alterados, también pueden producir:

  • Entusiasmo
  • Esperanza
  • Inspiración
  • Sensación de conexión intensa con otras personas

 

Un concierto es un muy buen ejemplo. La música puede activar circuitos relacionados con el placer y la recompensa, así que su capacidad para generar emociones intensas se relaciona, entre otros mecanismos, con el sistema dopaminérgico.

Además, en un concierto hay:

  • Un entorno compartido
  • Muchas personas reaccionando al mismo estímulo
  • Anticipación
  • Movimiento
  • Volumen
  • Sensación de ser parte de lo que está ocurriendo en ese momento

 

Son muy interesantes las diferencias en la experiencia subjetiva entre asistir a un concierto o ver su retransmisión. En un estudio piloto, los participantes afirmaron sentirse más conmovidos y experimentaron mayor activación emocional que quienes lo siguieron en streaming.

Esto puede explicar en parte esa sensación de salir de un concierto con una energía que no tenías antes de entrar.

 

El arte nos hace replantearnos cosas

Las experiencias culturales no tienen que producir emociones intensas necesariamente para dejar huella:

  • Una exposición puede hacernos mirar algo desde otra perspectiva
  • Una película puede plantearnos una pregunta sobre nuestra propia vida
  • Una novela nos puede hacer entender mejor la experiencia de otra persona

 

En estos casos, lo que queda no tiene por qué ser tristeza o euforia, sino una idea. La experiencia continúa porque nuestro cerebro sigue procesando lo que ha ocurrido después de que haya terminado.

Esto también explica por qué algunas obras no nos impactan inmediatamente y, horas después, vuelven a nuestra cabeza. La emoción o la reflexión no siempre aparecen en el mismo momento.

 

Cuando las experiencias intensas actúan como terapia

Que una peli, un concierto o una expo nos remuevan no significa que el efecto sea siempre positivo. Las experiencias culturales también pueden despertar miedo o recuerdos desagradables y eso no significa que no hayan sido experiencias valiosas. De hecho, pueden estar ayudándonos a sacar aquello que teníamos anclado dentro y necesitaba soltarse.

Esta sea una de las razones por las que algunas obras se quedan en nosotros mucho después de haberse terminado: porque, durante un rato, no solo hemos estado mirando o escuchando algo, sino que hemos estado sintiendo, implicados emocionalmente en ello.